A propósito de Abril de 1965.
Por Elías Wessin
Esta reflexión podría también titularse: Estados Unidos y el extraño síndrome del huésped que odia a su anfitrión.
Toda nación tiene derecho a defender su territorio, sus instituciones y sus valores. Estados Unidos lo está recordando hoy con más firmeza. Debería ser obvio, pero durante años se actuó como si no lo fuera. Más bien, era 'masoquismo' en lugar de tolerancia.
Tras el Conflicto de Abril de 1965 en RD, la administración de Lyndon B. Johnson abrió las puertas a numerosos dominicanos del sector constitucionalista rebelde: visas, residencias y hasta ciudadanías. Era una válvula de escape política… y también una apuesta generosa para pacificar el país.
Estados Unidos cumplió. Les dio seguridad, trabajo y futuro. Muchos prosperaron en Nueva York y otros Estados, bajo el mismo sistema que luego se dedicaron a criticar.
Ahí está la contradicción, una gran parte de ese exilio vivió del capitalismo mientras predicaba socialismo, castrismo y elevaba a Caamaño como bandera política. Y esa narrativa, en muchos casos, se heredó como si fuera un dogma familiar.
Caamaño es un ejemplo claro, Europa (Londres y Benidorm), luego Cuba donde acabó de adoctrinarse en el foquismo 'cheguevarista', cercanía con el castrismo y las tácticas de subversión. Finalmente, la expedición de Playa Caracoles en 1973 contra el gobierno de Joaquín Balaguer y del sistema democrático.
Para los zurdos, épica; para los diestros, subversión pura.
La radicalización cruzó el oceano. En 1967, durante una visita del general Elías Wessin y Wessin a Nueva York, un militante de la izquierda radical, de los denominados constitucionalistas, Rafael Bueno, intentó asesinarlo disparándole a quemarropa.
Por obra de la Divina Providencia, el revólver se encasquilló y el atentado fracasó. La Policía de Nueva York intervino y evacuó al General del lugar entre gritos y pánico." La actividad estaba amenizada por el merenguero Joseito Mateo.
Esa escena lo resume todo, odio importado, incluso en tierra de libertad. Porque esa es la ironía mayor, muchos de los que más atacaron y atacan a Estados Unidos solo pudieron y pueden hacerlo gracias a Estados Unidos.
Hoy, con Trump, el país ajusta su política migratoria y reafirma su soberanía. No es crueldad, es instinto de supervivencia nacional.
La hospitalidad no puede confundirse con ingenuidad. Y la gratitud, aunque no obligue a pensar igual, sí exige reconocer quién abrió la puerta.
Olvidarlo no es rebeldía. Es ingratitud.






