Por Rosa ML (Mexico City)
Es una realidad que sucede dentro de grandes denominaciones
cristianas y muy pocas veces se habla abiertamente de este asunto.
Pero como ya sabes, aquí toco temas que muchos prefieren
callar porque mi compromiso no es con el hombre ni con ninguna denominación,
sino con Dios.
Vamos al asunto:
1. El pastor que abre la obra carga con la etapa más
difícil. Llega cuando no hay templo, recursos, estructura ni estabilidad.
Muchas veces tiene que pone de su propio bolsillo, trabaja sin sueldo y su
familia también paga el precio.
2. No solamente predica: construye desde cero. Evangeliza,
visita, forma líderes, consigue un lugar, organiza la iglesia, enfrenta crisis
y permanece cuando todavía no existen resultados visibles.
3. Después llega el crecimiento. La congregación aumenta,
aparecen diezmos y ofrendas, se adquieren bienes, hay presupuesto y finalmente
la obra puede sostener dignamente a un pastor.
4. Entonces aparece la contradicción. Justo cuando podrían
comenzar a compensarse años de sacrificio, la denominación traslada al pastor
que abrió camino y coloca a otro.
5. El nuevo pastor recibe lo que el fundador nunca tuvo.
Vivienda o mejores condiciones, sueldo, estructura, equipo, recursos y una
congregación ya establecida. No significa que el nuevo pastor sea culpable; el
problema puede estar en el sistema que administra sin reconocer
proporcionalmente el sacrificio anterior.
6. Al pionero vuelven a enviarlo a comenzar de cero. Otra
ciudad, otra obra sin recursos, nuevamente dificultades económicas y nuevamente
su familia soportando el costo. Puede terminar convirtiéndose en un patrón:
eres bueno para abrir obras, pero nunca para disfrutar del fruto de aquello que
ayudaste a levantar.
7. Aquí aparece la pregunta ética y bíblica: ¿es correcto
llamar “sacrificio ministerial” a una dinámica que beneficia permanentemente a
la institución mientras desgasta al mismo obrero y a su familia?
8. La Biblia sí habla de diferentes funciones ministeriales.
Pablo podía plantar y Apolos regar: “Yo planté, Apolos regó; pero el
crecimiento lo ha dado Dios” (1 Corintios 3:6). Que otro continúe una obra no
es antibíblico. Lo cuestionable sería usar al que planta sin honrarlo, cuidarlo
ni reconocer su trabajo.
9. La honra también debería ser práctica. “El obrero es
digno de su salario” (Lucas 10:7) y 1 Timoteo 5:17-18 relaciona el trabajo
ministerial con honra y sustento. La espiritualidad no debería convertirse en
argumento para justificar precariedad permanente.
10. El punto más delicado es la familia. La esposa y los
hijos también vivieron las carencias, mudanzas, incertidumbre y sacrificios. No
debería asumirse que, porque existe un llamado pastoral, toda la familia está
obligada a vivir indefinidamente bajo inestabilidad evitable.
UNA COSA ES ENVIAR OBREROS A ABRIR CAMINO; OTRA MUY DISTINTA
ES ACOSTUMBRARSE A QUE SIEMPRE SEAN LOS MISMOS QUIENES SANGREN ABRIENDO EL
CAMINO PARA QUE OTROS LLEGUEN CUANDO YA ESTÁ PAVIMENTADO.
Trasladar pastores no es necesariamente injusto. Hay
momentos, razones y estructuras donde hacerlo puede ser completamente legítimo.
El problema comienza cuando el sacrificio siempre queda para unos y los
beneficios siempre terminan en manos de otros, sin reconocimiento, protección
ni compensación.
Entonces queda una pregunta que quizá muchas familias
pastorales se han hecho en silencio:
¿Hasta dónde llega la obediencia ministerial y el sacrificio
por la obra… y en qué momento comienza el abuso institucional disfrazado de
“servicio a Dios”? #familias #iglesias #palabradeldia See less

No comments:
Post a Comment
Gracias por visitar e interactuar en nuestro Blog. Te pedimos que lo compartas con tus amigos.