Hay algo que sucede con frecuencia en las redes sociales: leemos una publicación que nos impacta y, casi inmediatamente, pensamos en alguien: “Esto le va a hablar a fulano”. Y sin pensarlo demasiado, lo compartimos, esperando que esa persona lo vea.
En su
libro las 21 lecciones para el siglo XXI publicado en el 2018 el historiador y
escritor Yuvan Harari escribió: Así como la sociedad politicamente pasó del
Facismo, al Comunismo , al Liberalismo; en términos de autoridad también hubo un
proceso de cambios, del Teísmo donde el hombre no se guiaba por el corazón,
sino por Dios, y por lo tanto teníamos que santificar la Palabra de Dios y no
la Libertad Humana, al Antropocentrismo donde mandan los hombres de carne y
hueso basados en sus sentimientos, en los próximos 20 años puede desarrollarse
un nuevo cambio y es entregar la Autoridad a los Algoritmos.
La
corriente sentimental del liberalismo (dejarse guiar por el Corazón), no está
basado en la intuición, la inspiración, o la libertad, sinó en Cálculo, los
sentimientos no son opuestos a la racionalidad sino que encarnan la
Racionalidad Evolutiva.
Por lo
tanto los Algoritmos Informáticos podrán aconsejarnos mejor que los
sentimientos humanos.
En
conclusión el hombre lo único que ha hecho es lo contrario a lo que dice
Proverbios: Fiarse de su propia prudencia, y negarse a confiar en Dios, por lo
cual la dependencia ya no será de brujos, ni sacerdotes, ni de la Biblia, sino
de los Algoritmos, que alimentados por constantes datos biométricos podrán
controlar nuestra salud, nuestros movimientos y nuestras emociones, a todas
horas del día, sin esperar síntomas obvios, los que nos hará mas esclavos que
libres.
“Ya lo
estamos viviendo con las redes sociales, donde te llegan anuncios que tienen
que ver con tus preferencias de búsqueda, Netflix te envia sugerencias de
películas, que tiene que ver con las películas que tu terminas de ver, y
tenemos el GPS, que ya confiamos más en el que en nuestra capacidad de
conocimiento.
Cambiaremos
de una vida controlada por Dios, a una vida manejada por los Algoritmos. Harari
le llama la Dictadura Digital. Lo que implica que el hombre muestra que
requiere dirección y aunque se niega a ser dirigido por el creador, prefiere
ser dirigido por un ordenador.”
Fuente:
21 lecciones para el siglo XXI, de Yuval Noah Harari.
Autor de la nota: desconocido.
Cesar vidal explica el plan como sigue: hablando los promotores de esa agenda, "Cuando logremos reducir la población, controlar la economía, acabar con las culturas nacionales, lo que tendremos es un inmenso rebaño y para llegar ahí tenemos que acabar con 3 obstáculos que son muy importantes: Uno: son las culturas nacionales, Dos: La Familia, porque la familia es la institución que sigue en pies cuando hay guerras, cuando hay revoluciones, cuando hay quiebras economicas, pueden caer gobiernos, pueden quebrar bancos, pero la familia es un elemento de protección de los individuos, por lo que tenemos que acabar con ese elemento de protección y por supuesto, vamos a acabar con el cristianismo bíblico, porque el cristianismo bíblico no comparte esta visión de persecución de la vida, de persecución de la familia, de acabar con las libertades y es un obstaculo que tenemos que eliminar."
"¿Cómo acabamos con el cristianismo bíblico. Qué hacemos para quitarnos este obstáculo del medio?... Lo vamos a hacer através de varios caminos, algunos son recientes, otros son más antiguos. Uno de esos caminos es impulsar la agenda ecuménica, es decir, vamos a diluír a disolver, a hacer que desaparezca todo lo que es el elemento bíblico de ese cristianismo biblico y lo vamos a sustiruír con llamamientos a la unidad, a sentirnos todos bien los unos al lado de los otros, a "querernos mucho".
"Otro de los macanismos es infiltrar las editoriales, los seminarios, con mensajes que son partidiarios de la agenda globalista y en ese sentido, es obvio que en estos momentos ya hay manuales que se enseñan en seminarios, ya hay profesores en seminarios, ya hay editoriales evangelicas que estan publicando materiales de este tipo, por ejemplo "El evangelio de los marginados", es un libro que publicó la editorial CLIE, que ha sido una editorial evagelica conservadores. Ese libro el evangelio de los marginados es un comentario homosexual al Nuevo Testamento. En ese libro publicado por CLIE, la gente que lo lea se va a enterar de que el criado del Centurión era el amante del Centurión y cuando Jesús curó al criado del Centurión, estaba bendiciendo la relación homosexual. En ese mismo libro se va a encontrar que se afirma de la manera mas blasfema y grosera que Juan el Evangelista era el amante de Jesús."
"Finalmente, el último de los elementos que debe esta agenda quitar del medio es ir avanzando hacia una bioblia ecuménica, en la cual en un momento determinado, se hayan borrado las enseñanzas contrarias a la ideología de género. -y si a alguno le parece imposible, añade Vidal- ya existen biblias que son estudios biblias de estudio gay donde se niegan los pasajes que la Biblia señala que las practicas homosexuales son incorrectas y ya se está llegando a tener biblias donde dsaparece el aborto. La Biblia Laisha publicada por las sociedades biblicas Argentinas, donde hace unos años se presentó como una biblia aceptáble para las mujeres, una biblia inclusiva y una bilia donde se quitaban los elementos patriarcales. En esa biblia, cuya directora es una mujer que defiende el aborto públiocamente, han desaparecido las referencias al aborto y como esa biblia se supone que tambien es antipratriarcal ha desidido borrar palabras que supuestamente son machistas, como la palabra padre y auqneo no han podido suprimir padre del padre nuestro, no obstante en la parabola de el hombre rico y Lazaro, cuando el hombre rico esta en tormento en el Hades y se dirije a Abraham "Padre Abraha', fue sustituído por: "antepasado mío Abraham".
Todo esto marca algunos de los aspectos de infiltración en las iglesias evangelicas para reconducirla hacia lo que es la Agenda Globalista.
Por Elías Wessin
Esta reflexión podría también titularse: Estados Unidos y el extraño síndrome del huésped que odia a su anfitrión.
Toda nación tiene derecho a defender su territorio, sus instituciones y sus valores. Estados Unidos lo está recordando hoy con más firmeza. Debería ser obvio, pero durante años se actuó como si no lo fuera. Más bien, era 'masoquismo' en lugar de tolerancia.
Tras el Conflicto de Abril de 1965 en RD, la administración de Lyndon B. Johnson abrió las puertas a numerosos dominicanos del sector constitucionalista rebelde: visas, residencias y hasta ciudadanías. Era una válvula de escape política… y también una apuesta generosa para pacificar el país.
Estados Unidos cumplió. Les dio seguridad, trabajo y futuro. Muchos prosperaron en Nueva York y otros Estados, bajo el mismo sistema que luego se dedicaron a criticar.
Ahí está la contradicción, una gran parte de ese exilio vivió del capitalismo mientras predicaba socialismo, castrismo y elevaba a Caamaño como bandera política. Y esa narrativa, en muchos casos, se heredó como si fuera un dogma familiar.
Caamaño es un ejemplo claro, Europa (Londres y Benidorm), luego Cuba donde acabó de adoctrinarse en el foquismo 'cheguevarista', cercanía con el castrismo y las tácticas de subversión. Finalmente, la expedición de Playa Caracoles en 1973 contra el gobierno de Joaquín Balaguer y del sistema democrático.
Para los zurdos, épica; para los diestros, subversión pura.
La radicalización cruzó el oceano. En 1967, durante una visita del general Elías Wessin y Wessin a Nueva York, un militante de la izquierda radical, de los denominados constitucionalistas, Rafael Bueno, intentó asesinarlo disparándole a quemarropa.
Por obra de la Divina Providencia, el revólver se encasquilló y el atentado fracasó. La Policía de Nueva York intervino y evacuó al General del lugar entre gritos y pánico." La actividad estaba amenizada por el merenguero Joseito Mateo.
Esa escena lo resume todo, odio importado, incluso en tierra de libertad. Porque esa es la ironía mayor, muchos de los que más atacaron y atacan a Estados Unidos solo pudieron y pueden hacerlo gracias a Estados Unidos.
Hoy, con Trump, el país ajusta su política migratoria y reafirma su soberanía. No es crueldad, es instinto de supervivencia nacional.
La hospitalidad no puede confundirse con ingenuidad. Y la gratitud, aunque no obligue a pensar igual, sí exige reconocer quién abrió la puerta.
Olvidarlo no es rebeldía. Es ingratitud.
Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio, lo dice con claridad: el sujeto contemporáneo ya no necesita un patrón que lo obligue. Se autoexplota en nombre de la libertad. Se exige a sí mismo ser productivo, atractivo, interesante y, sobre todo, visible. En ese escenario, la selfie deja de ser un simple registro y se transforma en una forma de consumo emocional. Es la compensación que el sujeto se da a sí mismo ante el agotamiento de tener que demostrar, una y otra vez, que “se vive bien”.
🗣️ Los ejemplos son tan cotidianos que ya casi no los notamos:
Selfie en el gimnasio para mostrar disciplina y cuerpo cuidado.
Selfie en el restaurante para exhibir placer y cierto estatus.
Selfie en la camilla del hospital para convertir el dolor en contenido.
Selfie en vacaciones para probar que se logró “escapar” del estrés.
Selfie con bolsas de compras o con el último gadget para reafirmar poder adquisitivo.
En todos los casos aparece la misma lógica, el consumo funciona como analgésico. Compramos, mostramos, publicamos y esperamos likes para sentirnos un poco más vivos. La imagen se vuelve la prueba de que no estamos del todo vacíos. Pero la operación es engañosa. Cada foto que subimos refuerza la exigencia de seguir produciendo apariencias. El vacío no se llena, se agranda.
Han habla de un cansancio que no es el del obrero que termina la jornada y se derrumba. Es un cansancio de otro tipo, el de quien sonríe mientras se desmorona por dentro. El de quien se obliga a parecer libre mientras arrastra una cadena invisible. Esa cadena hoy se llama “lifestyle”. Se llama “vivir la vida” y se traduce en la necesidad constante de documentarla, editarla y ofrecerla al escrutinio ajeno.
La paradoja es brutal. Cuanto más intentamos demostrar que somos libres, más presos quedamos de la mirada de los otros. La selfie, que nació como gesto espontáneo, termina funcionando como un dispositivo de control. No control externo, sino autoimpuesto. Nadie nos obliga a sacar la foto. Nadie nos exige publicar. Sin embargo, no publicar se siente como desaparecer. Y desaparecer, en la lógica actual, es casi una forma de fracaso.
El consumo de objetos y el consumo de imágenes se alimentan mutuamente. Compramos tecnología de lujo, ropa de grife, gadgets nuevos, y después los usamos como escenario de la propia representación. El carrito de supermercado se llena de cajas que prometen status, mientras el tobillo queda marcado por la deuda. La palabra “libre” aparece en letras grandes, pero el grillete sigue ahí. La ironía es tan evidente que duele.
Lo que está en juego no es solo la vanidad. Es una forma de subjetividad que se construye a partir de la exposición permanente. El sujeto ya no se pregunta “¿quién soy?” sino “¿cómo me ven?”. Y esa pregunta no tiene descanso. Cada like es un respiro momentáneo. Cada silencio de la red es una pequeña muerte.
Por eso la selfie no es inocente. No es solo una imagen. Es el espejo más honesto del cansancio que describe Han. Un espejo que muestra una sonrisa forzada y, detrás, el agotamiento de tener que sostenerla.
Te invito a pensar y a opinar: ¿creés que la selfie es todavía un gesto de libertad o ya se convirtió en una nueva cadena invisible?
Julio César Cháves
Esta es la primera vez que escribo sobre Daniel Ortega, el “jefe-dueño borracho” de Nicaragua. Y lo hago por desahogo y a regañadientes, porque siempre he preferido el silencio cuando de un personaje no se puede decir nada decente. Pero hay límites hasta para el silencio.
Nada de lo que salga de la mente retorcida de ese señor —ni de su jefa, Rosario Murillo, esa mujer de carácter permanente de perro rabioso, de aspecto que da grima y de cabeza extraviada— me sorprende ya. Hace años que superaron cualquier estándar de torpeza, cinismo y abuso.
Esa pareja gobierna Nicaragua como mayorales de hacienda: a base de látigo, grito y capricho. Tratan al país como un rebaño de bueyes y vacas que solo existen para obedecer. Y la prueba está a la vista: han violado, una por una, todas las normas mínimas que se respetan en cualquier otro país de América Latina.
Deportan, apresan, secuestran y desaparecen. Tienen las cárceles repletas de presos políticos. Estrangulan la libertad de expresión. Le quitan la nacionalidad a quien se les antoja. Y, para rematar la obra, hace apenas unos días anunciaron con total descaro que —en Nicaragua jamás habrá elecciones—.
Me pregunto —y le pregunto a usted, estimado lector—: ¿con qué derecho y respaldados por quién este par de tarados analfabetos funcionales cometen, desde el Palacio Presidencial, todos estos abusos como si el país fuera su finca particular?
La izquierda tiene un problema de origen, su anticristianismo.