Por: Elias Wessin Chavez
_Los verdaderos héroes de RD son Duarte, Sánchez, Mella y Luperón_
_Por Elías Wessin_
Hay algo que la izquierda dominicana todavía no acaba de entender, la Historia no es 'propiedad confiscada' por ellos. Mucho menos el Panteón Nacional.
Los cuatro grandes héroes dominicanos son Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Ramón Matías Mella y Gregorio Luperón. Los tres primeros héroes de la Independencia de 1844 y el último de la Restauración de 1865.
¿Por qué?
Porque además representan, cada uno en su circunstancia histórica, la Soberanía, la República y la defensa de la Nación dominicana.
No necesitaron que una Internacional los canonizara. No necesitaron una célula revolucionaria foquista. No necesitaron el visto bueno de una Habana. Les bastó con ser dominicanos.
Durante décadas, determinados sectores de la izquierda han desarrollado una especialidad bastante rentable, fabricar héroes, apropiarse de símbolos nacionales y después utilizar a los muertos para legitimar las ideas de los vivos.
Fidel Castro lo entendió perfectamente con José Martí. Tomó al apóstol de la independencia cubana y lo incorporó al relato legitimador de la Revolución.
Su procedimiento fue, primero se toma al prócer, después se le pone una aureola, luego se le borran las ideas contradictorias frente al dogma y finalmente se le hace decir desde la tumba, exactamente lo que conviene al partido, en fin, a su ideología.
¡Qué comodidad la de tener un héroe que no puede protestar!
Pero veamos Abril de 1965 y la historia completa, por favor. Ahora el Gobierno de Luis Abinader anuncia un 'Museo de la Gesta de Abril'.
Perfecto.
Pero que sea museo y no mausoleo ideológico. Que se cuente Abril de 1965 completo, con sus protagonistas, con sus contradicciones, con sus corrientes políticas, con sus influencias internacionales, con sus sectores democráticos, con sus sectores revolucionarios y especialmente, la influencia que ejercían entonces la Revolución Cubana, las corrientes marxistas y revolucionarias latinoamericanas.
Ahí tenemos una interrogante, ¿qué habría ocurrido con la República Dominicana si las fuerzas revolucionarias más radicales hubieran terminado imponiéndose en 1965? Nadie puede responderlo con certeza, ¡verdad!. Pero tampoco podemos fingir que aquellas corrientes no existían.
No nos cabe duda que en Abril de 1965, el lado de San Isidro, evitó que República Dominicana se convirtiera tempranamente en una experiencia revolucionaria semejante a otras que posteriormente terminaron destruyendo las instituciones republicanas y las libertades políticas. El ejemplo más ilustrativo es la Venezuela chavista. Comenzó democrática y termino en dictadura pro castrocomunista.
Eso merece debate, no censura. ¡O sea que, el “imperio” ahora sí sirve! Claro, con una parte cómica.
Durante aquella época, ¡Yankee go home!,... el “imperio yanqui” era culpable de todo,... Washington era el demonio.
¿Pero del otro imperio? Silencio..., de Moscú poquito,... de La Habana, muchísimo cariño.
La Cuba de Castro era presentada por los denominados constitucionalistas como faro revolucionario. ¡Qué curioso!
El imperialismo tenía aparentemente una excepción, si venía con barba, fusil y discurso marxista, dejaba de ser imperialismo.
Los tiempos cambian. Hoy algunos de aquellos descendientes políticos del antiimperialismo selectivo descubren las virtudes de la cooperación estratégica hemisférica. Hasta aparecen elogiando el Escudo de las Américas. ¡Oh, sorpresa!
¡El viejo Yankee ahora sí tiene cosas interesantes que decir! Parece que el antiimperialismo tenía fecha de vencimiento.
Lo verdaderamente interesante no es que cambien. Cambiar de posición no es pecado. Lo interesante es cómo cambian.
_Ayer_, ¡fuera el imperialismo!... _Hoy_, ¡qué importante es la seguridad hemisférica!
_Ayer_, ¡no a Washington!... _Hoy_, bueno... dependiendo de Washington.
_Ayer_, ¡Viva Cuba!... _Hoy_, no, ¿Cuba?... ese es otro tema.
¡Qué memoria tan selectiva produce la política!
Hagamos entonces todos los museos. Si quieren museos, hagamos museos.
Museo de Abril, pero sin olvidar el "sazón" del Comunismo y del Marxismo en la República Dominicana.
Que tenga fotografías, libros, testimonios, manifiestos, periódicos, discursos, símbolos y toda la parafernalia revolucionaria.
Que nuestros jóvenes puedan conocer qué prometía el marxismo y qué ocurrió donde sus distintas versiones llegaron al poder.
Que los nostálgicos puedan visitarlo, incluso con visitas guiadas. Quizás alguno entre marxista y salga republicano, no sería un mal resultado educativo.
Durante décadas la izquierda disfrutó de una ventaja formidable, controlaba la mayor parte del relato.
Quienes controlaban el relato decidían quiénes eran héroe, quiénes eran villanos y quiénes debían desaparecer del cuadro.
Pero esa época terminó: "la pava ya no pone donde ponía."
Hoy existe una juventud que lee, que compara, que busca fuentes, que cuestiona, que no siente vergüenza de llamarse de Derecha y que ha descubierto que la República Dominicana también puede tener una Nueva Derecha.
Una Derecha que reivindique, Libertad sin libertinaje.
Orden sin autoritarismo.
Patriotismo sin populismo.
Mercado sin abuso.
Propiedad sin privilegios.
Estado de Derecho sin excepciones.
República sin tutelas ideológicas.
Nuestros muertos también tienen derecho a hablar. Duarte no necesita una reingeniería ideológica, Sánchez tampoco, Mella tampoco, Luperón tampoco.
Pero los demás personajes de nuestra historia merecen que los juzguemos por sus ideas, sus actos y su contexto histórico, no por necesidades políticas e ideológicas.
No queremos sustituir una mitología de izquierda por una mitología de derecha.
Queremos algo mucho más subversivo, queremos historia, pero historia completa, historia sin maquillaje, historia sin comisarios políticos e historia sin héroes fabricados a la medida.
Una República que necesita falsificar su pasado para justificar su presente ya tiene un problema.
Una generación que necesita falsificar a sus muertos para conquistar a los vivos, ya perdió el debate antes de comenzarlo.
Así que disfruten sus héroes, hagan sus museos, impriman sus estampitas, pongan sus retratos, cuelguen sus consignas, nosotros no tenemos prisa.
Duarte, Sánchez, Mella y Luperón pueden esperar estar sin acompañamiento en el Mausoleo de la Nación. Solo ellos merecen estar ahí.
Cuando llegue el momento de reivindicar a quienes defendieron la Libertad, el Orden y la República, no necesitaremos derribar ningún monumento.
Nos bastará con hacer algo mucho más osado y valiente, abrir los archivos, escuchar los testimonios, leer los documentos y dejar que los muertos hablen. Entonces veremos quién tenía razón.
A la mentira con "patas cortas" se le acabó su recorrido. La verdad, hoy, "flota como el corcho".

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