Por Leonel Peña
Me inscribo en el grupo de los que creemos que a Santiago Matías “Alofoke” le esperan días difíciles. La política dominicana, a los niveles en los que él ha decidido incursionar, es un ring de “pesos pesados” donde se vale casi todo y hay detalles que él no conoce.
Lo primero es que no cuenta con la experiencia necesaria, no hereda tradición política ni posee la preparación adecuada. Y no olvidemos la fortuna: los millones que hoy se gastan en esos inciertos y embrollados menesteres.
La política dominicana es el escenario de todas las posibilidades pero a favor de los timakles que ahí gobiernan, donde hay un grupo de "poderosos dueño de ese país" que se tapan la nariz cuando escuchan el nombre o apodo de Alofoke.
Un dato razonable y cercano a la realidad del dinero reportado por los propios candidatos principales en la República Dominicana: en las elecciones presidenciales, el actual mandatario Luis Abinader declaró ante la Junta Central Electoral (JCE) gastos por un valor de 777.6 millones de pesos en su campaña, quedándose muy cerca de los 800 millones mencionados y por debajo del tope legal permitido.
Alofoke tampoco tiene la formación académica ni el abolengo que, aunque no es imprescindible, suma. Y lo más importante: su peor enemigo es su falta de tolerancia. Es una persona que no sabe debatir ni discutir temas sin recurrir a los insultos hirientes personales y a la violencia callejera, estrellándo todo y rompiendo cuanto encuentra a su paso. El hombre sufre de ira no controlado y eso es una bomba de tiempo.
No conozco a nadie que haya perdurado con estatus de exitoso y que, al mismo tiempo, estalle demencialmente con la frecuencia y la intensidad con que lo hace el señor Matías.
Por todo se convierte en un imán de desgracia, o en algo parecido a un tanque lleno de gasolina con un encendedor en las manos.
Es cierto que tiene derecho a aspirar a la presidencia de la República Dominicana —aunque, por su manera violenta de actuar, moralmente no califica, a mi juicio—. Recordemos que existen leyes no escritas que sugieren aplicar el sentido común.
Antes de aprobar un candidato con esas cualidades y esos ataques de ira fuera de control, debería ser evaluado médicamente, aunque nuestras leyes constitucionales no lo exijan. Y en esto el más beneficiado sería el señor Matias.
Sabemos que en la República Dominicana no es necesario un examen mental o psicológico para los candidatos a la presidencia. La legislación no contempla esta exigencia médica. Sin embargo, hay comportamientos que disparan las alarmas y preocupan.
Estamos claros: el artículo 123 de la Constitución de la República Dominicana establece de forma taxativa los únicos requisitos necesarios para optar por la presidencia: ser dominicano o dominicana de nacimiento u origen; haber cumplido treinta años de edad; estar en pleno ejercicio de los derechos civiles y políticos; y no estar en el servicio militar o policial activo durante los tres años previos a las elecciones. Para mí, ese artículo está incompleto, igual que muchos otros.
Nos vemos en la PARTE 2…
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